Predica la palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar.

 
Tú, en cambio, predica lo que está de acuerdo con la sana doctrina.
 
Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones; entonces vendrá el fin.
 
A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los que no son judíos.
 
Ahora, hermanos, quiero recordarles las buenas noticias que les prediqué, las mismas que recibieron y en las cuales se mantienen firmes. Mediante estas buenas noticias son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.
 
Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.
 
No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica.
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