Acuérdense de los presos, como si ustedes fueran sus compañeros de cárcel, y también de los que son maltratados, como si fueran ustedes mismos los que sufren.

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungidopara anunciar buenas noticias a los pobres.
Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos.

 
Ahora bien, el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
 
Así que, si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.
 
Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.
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